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jueves, 8 de abril de 2021

"El Callejón de la Pólvora" ya es una realidad

"¡Ese tipo debería estar preso!" le dije a Lucía antes del incidente, horas más tarde la acompañé a la policía a denunciar a Gregorio. Él se había vuelto muy agresivo con ella y yo sabía el motivo.

Argumento: Una enfermedad tan antigua como la humanidad pero ignorada por la sociedad moderna, Raul Duque entró en un juego pirotécnico sin saber que una sola chispa basta para encender la tragedia de Lucía.

Mi novela de no-ficción, puedes leerla completa aquí.

lunes, 14 de octubre de 2019

Periodismo gonzo: Plaza Páez donde el futuro… ha muerto

Esquiva y ataca… estira el brazo para intentar hacer daño. Su oponente, ágil también, realiza el mismo movimiento: esquiva, se agacha… espera y ataca. Por fortuna su arma en la mano es un palo de madera.  Palo que simula un chuzo, un cuchillo y antes de que cumplan la mayoría de edad tendrán uno de verdad en sus manos. Así se recrean los jóvenes en la Plaza Páez de El Paraíso mientras esperan que llegue la única comida del día: el camión de la basura.
Son varios, desde niños a punto de convertirse en adolescentes hasta adultos. La mayoría de la Cota 905, algunos con familiares otros sin ellos, algunos con rancho donde dormir otros a la intemperie de la calle. Este grupo de adolescentes se empezó a juntarse en la plaza hace cuatro años, cuando la crisis golpeó fuerte en todo el país: la comida o escaseaba o imposible de comprarla.

“Yo trabajaba en una ferretería, el dueño no pudo  seguir comprando mercancía, le secuestraron a un hijo así que decidió cerrar la tienda y pirarse del país. Yo me quede frito, tenia q mantener a mi hijo y mi mujer, ella se fue para Colombia con el chamo y aquí me vez esperando a ver que como” relata Edwin de 23 años de edad, residente de la Plaza.
La violencia forma parte de la rutina de esta juventud. Frecuentes peleas “en juego” o de verdad se presentan a diario, una manera de recrearse y de hacerse fuertes antes las adversidades. También hay chicas en el grupo, ellas hasta más violentas siempre insultando con improperios y lista para cachetear a cualquiera del grupo que se “coma la luz”. Las panaderías cerca de la Plaza son su fuente de suministros. Las bolsas de basura ofrecen gran variedad de alimentos, hurgar en una e ir a otra sin que ya no la hayan revisado es correr con suerte.
Observando las reacciones de los vecinos y transeúntes de la zona. Imaginé que pensaban éstos al ver al grupo en su rutina en la Plaza y concluí lo siguiente: La mirada indiferente: no es mi problema; la mirada despreciativa: el hampa del mañana; la mirada indignante: culpa de los gobernantes; la mirada triste: que habrán hecho ellos para merecer vivir así; y mi mirada: el futuro ha muerto.

- Periodismo gonzo: Crónica universal.


sábado, 4 de mayo de 2013

Realismo sucio: El profesor


Realismo sucio: El profesor

El profesor de matemáticas preocupado por la llegada del período de vacaciones, ingenió un plan algo macabro para mantener su bolsillo lleno. Casi todo el curso tenía aprobada su materia, por eso decidió escoger a un desafortunado grupo de alumnos con las calificaciones más bajas quienes serían los “sacrificados” para abrir el curso de reparación en vacaciones y así cubrir sus necesidades económicas unos meses más. 

Al asignarle un solo curso en el año escolar, el profesor decidió aplicar este plan para seguir teniendo la “clientela” fresca, así que tenía que “raspar” a varios estudiantes para mantener su cuota de ingreso mensual. Eran tres estudiantes que a pesar de no estar aprobados solo les faltaban décimas para la nota probatoria de la materia. Ese salón en particular, el 8vo B, era el más tranquilo del colegio. Nadie se portaba mal, todos eran atentos a las clases, guardaban silencio cuando los maestros se lo pedían, en fin, eran buenos en conducta. 

El plan  fue un poco difícil de llevar, puesto que estos tres alumnos aun le faltaba la nota para aprobar y quedaba una evaluación final que de seguro alcanzaban la puntuación necesaria con  poco estudio. El profesor, sabiendo esto se dedicó noches enteras a diseñar un examen con un alto grado de dificultad. Para que los alumnos que estaban en la mira no pudieran aprobarlo. En vista  de que sus intenciones podrían fallar, se ingenio un plan “b” por si acaso y  consistía en que de aprobar el examen final tendría que recurrir a reprobar a tales alumnos alegando que durante todo el curso fueron los mas flojos del salón, y así en consejo de curso los reprobarían.  

En una de las tantas noches que se dedicaba a ingeniar el examen con alta dificultad, decidió que mejor era salir a despejar la mente y así se le ocurriría un ejercicio algebraico jamás imaginado. Tardó días en dar con tal problema matemático, hasta que un fin de semana estando el profesor con sus compadres en la finca del campo, después de tomarse cuatro botellas de tequila dio con un ejercicio jamás imaginado. Busco una servilleta donde escribirlo y lo guardo para pasarlo en limpio al llegar a casa.

Ya impreso el examen final de curso, dentro de su mente retorcida se burlaba al ver a los alumnos tratando de resolver el ingeniado ejercicio. El examen solo tenía un camino para resolverse que muy poco se había estudiado en clases, era probable que todo el salón reprobara así no existirían pruebas del delito y con más soltura llevar a los alumnos al curso de reparación.

Llegado el día del examen la mayoría de los alumnos preguntaban al profesor sobre como resolver tal ejercicio, éste solo respondía: si han prestado atención en todo el año sabrán cómo hacerlo, no mas preguntas por favor si no, bajo cinco puntos.


Al sentarse al corregir los exámenes, buscó con ansias los de los tres alumnos en “salsa”, para sorpresa se encuentra de que estos lo habían resuelto perfectamente y el resto no. Trató de conseguir una respuesta a tal desengaño y no la halló. Así que optó por aplicar el plan “b” aunque este no daba por cumplido su objetivo debido a que la decisión de aprobar a estos alumnos estaba en manos de varios profesores en consejo de curso.

Se preguntarán cómo hicieron los tres estudiantes para resolver tan difícil examen. En realidad no fue que se quemaron las pestañas día y noche estudiando, ni tampoco recibiendo clases particulares de matemáticas. Aconteció que la información de “raspar” a los alumnos se coló entre ellos sabiendo que el profesor no tenía mas curso y necesitaba dinero dando clases apartes. Pues se rumoraba que a varios alumnos los iban a llevar injustamente a esos cursos por reprobar la materia. Así que los que sabían que posiblemente estarían en la mira del profesor, se organizaron para tratar de conseguir el examen final para saber a que atenerse. 

Fue todo un trabajo en equipo, pues donde se fotocopian los exámenes trabaja un viejo que es amigo de todos los estudiantes del centro, no hubo mucho que pensar para saber como manipular al viejo, entre todos, le regalamos una cesta de víveres con licor incluido y dos paquetes de cigarrillos, acordando previamente cuál sería su función. Así, una vez fotocopiado el examen, el viejo sacó unas de mas y por la tarde cuando no había nadie en el instituto entregó a los alumnos copia del examen. Pero el problema no estaba resuelto del todo, el ejercicio era indescifrable así que los alumnos tuvieron que emplear otra maniobra para resolver tal ejercicio creado solo en la mente del profesor. Otra inversión de dinero tuvieron que hacer para pedir asesoría a un profesor de otro instituto para que le resolviera el examen, pero valió la pena tanto esfuerzo.

Getafe, marzo 2009.


lunes, 15 de abril de 2013

Realismo sucio: Miedo nostálgico

realismo sucio Miedo nostálgico los aleros

Todo empezó cuando mi papá no quiso llevarme al circo, desde ese momento mi vida sentimental cambió. Y todo porque yo era muy asustadizo en la calle. Una vez, dentro de un ascensor, las  personas empezaron a gritar y entré en pánico; en otra ocasión, una pelea de unos desconocidos en la calle hizo que mis nervios explotaran.

Pero nada comparado con unas navidades que mis padres decidieron viajar a La Puerta  y  “Los Aleros” en Mérida. La Puerta, es un pueblito que sólo puede dejarte buenos recuerdos. Es un lugar muy simpático, tranquilo y agradable, está decorado con flores y venden chocolate caliente con fresas en todas partes. La gente es muy amable y cortés con los visitantes.

Los Aleros, es un pueblo turístico que mantiene las tradiciones de la Venezuela de antaño con personajes disfrazados que acompañan el paseo. Al llegar a la entrada, te montan en un autobús decorado a la antigua y un guía va animando el trayecto. Hasta eso momento todo marchaba de maravilla. De repente, oí un grito estruendoso y macabro por la parte trasera del autobús y dos monstruos disfrazados de payasos irrumpieron en el vehículo asustando a sus ocupantes.  Grité tanto que empecé a insultar a todos con groserías por estar en esa incómoda situación y mis padres no lograban calmarme, esa era la bienvenida.

 Al llegar a la entrada del pueblo, a los visitantes le entregaban una especie de pasaporte y en la caseta de visados estaba puesto un muñeco en una silla, vestido con trapos harapientos marrones y grises, con un sombrero de paja y sostenía en sus manos un cartelito que decía algo. Pues, una vez que lo visitantes tenían su pasaporte, seguían por el pasillo donde estaba el susodicho muñeco y de la nada el muy desgraciado pegaba un brinco y te asustaba.

Pero lo peor estaba por sucederme, en ese pueblo turista fantasma tradicional de antaño las cabras se paseaban libremente por las calles. Iban pastaban en manadas con sus cabritas y los turistas las alimentaban, las acariciaban y se sacaban fotos con ellas. En un descuido de mis padres, corrí hacia una de las cabritas, ésta me llegaba por la cintura pero en su instinto natural, la cabrita con sus pequeñísimos dos cachitos recién salidos como chichones arriba de sus ojos me dio una cornada en todo el rabo que me hizo volar unos metros por el aire. 

El suceso alborotó la aparente pasividad del lugar y la locura se apodero del ambiente tan calmado de ese maldito pueblo. Gran parte de los visitantes observó como la cabrita corría hacia mí y me golpeaba, cuando caí al piso sólo escuchaba gritos, desesperos. El sabor amargo de tierra en mi boca se mezcló con mis lágrimas saladas y ver correr una gran masa de gente hacia mí me traumó más. Mi mamá era la que más gritaba, en su ataque de histeria contribuía más al caos y a la confusión. Con este infortunio  terminó el día con los sustos más desagradables en mi vida… Como esa vez que un borracho partió una botella y mis ilusiones se fueron con esos vidrios rotos en la cola para entrar al circo.

domingo, 3 de marzo de 2013

Realismo sucio: Anecdotario 1: El método


Un sábado en el parque de mi edificio estábamos Luís, Vicente, Jonatan, Ronald y yo. Jugábamos baloncesto, pero en un instante cambiamos de juego, empezábamos a lanzarnos piedras unos a otros, el por qué, no lo sé. El juego de arrojarnos piedras era sin la intención de pegárnosla. 

Yo me encontraba en un extremo de la cancha y Luís en el otro, ambos de frente. Él me lanzó una piedra y yo pensando que iba directo hacia mí, la esquivé lanzándome hacia mi izquierda. Luís lanzó la piedra a su derecha sin intención de pegármela. Obviamente la piedra impacto en mi cabeza y el chorrero de sangre inundó la cancha. 

Él salió corriendo despavorido a socorrerme y para parar la hemorragia que tenía en la cabeza se le ocurrió tomar un puñado de tierra del suelo y colocarlo en la herida. Imagínense como quedó mi rostro lleno de sangre mezclado con tierra, pero lo peor estaba por pasar, todos me acompañaron a mi casa y tremendo susto que se llevaron mis padres, temieron lo peor al verme. Mi rostro cubierto de tierra con sangre daría la impresión de que un camión me pasó por encima. Me llevaron al hospital y luego que la enfermera me lavara el rostro y ubicara la herida la angustia pasó.

 No necesitaba puntos de sutura, bastó con desinfectar la herida y colocar una gasa. La enfermera también se alarmó cuando me vio, pensó que no podría ayudarme en el estado que llegué. Yo nunca me vi al espejo pero el gran pegoste de sangre y tierra que cubría mi cara parecía un maquillaje perfecto de película de terror. Luego de salir del hospital y pasar el susto todos nos reunimos en la cafetería. Luís al contar su “método” para parar hemorragias mi madre exclamó: ¡pero a quien se le ocurre echar tierra que tiene microbios a una herida, más nunca se te ocurra hacer eso carajito!