domingo, 17 de marzo de 2013
domingo, 3 de marzo de 2013
Realismo sucio: Anecdotario 1: El método
Un sábado en el parque de mi edificio
estábamos Luís, Vicente, Jonatan, Ronald y yo. Jugábamos baloncesto, pero en un
instante cambiamos de juego, empezábamos a lanzarnos piedras unos a otros, el
por qué, no lo sé. El juego de arrojarnos piedras era sin la intención de
pegárnosla.
Yo me encontraba en un extremo de la cancha y Luís en el otro,
ambos de frente. Él me lanzó una piedra y yo pensando que iba directo hacia mí,
la esquivé lanzándome hacia mi izquierda. Luís lanzó la piedra a su derecha sin
intención de pegármela. Obviamente la piedra impacto en mi cabeza y el chorrero
de sangre inundó la cancha.
Él salió corriendo despavorido a socorrerme y para
parar la hemorragia que tenía en la cabeza se le ocurrió tomar un puñado de
tierra del suelo y colocarlo en la herida. Imagínense como quedó mi rostro
lleno de sangre mezclado con tierra, pero lo peor estaba por pasar, todos me
acompañaron a mi casa y tremendo susto que se llevaron mis padres, temieron lo
peor al verme. Mi rostro cubierto de tierra con sangre daría la impresión de
que un camión me pasó por encima. Me llevaron al hospital y luego que la
enfermera me lavara el rostro y ubicara la herida la angustia pasó.
No
necesitaba puntos de sutura, bastó con desinfectar la herida y colocar una gasa. La
enfermera también se alarmó cuando me vio, pensó que no podría ayudarme en el
estado que llegué. Yo nunca me vi al espejo pero el gran pegoste de sangre y
tierra que cubría mi cara parecía un maquillaje perfecto de película de terror.
Luego de salir del hospital y pasar el susto todos nos reunimos en la
cafetería. Luís al contar su “método” para parar hemorragias mi madre exclamó:
¡pero a quien se le ocurre echar tierra
que tiene microbios a una herida, más nunca se te ocurra hacer eso carajito!
domingo, 17 de febrero de 2013
Periodismo gonzo: Fructuosa congelada: ¿Negocio de moda?
Apertura de licorerías, amigos etílicos, fiestas y
graduaciones eran los motivos para beber
alcohol en mi adolescencia. Una tarde de mi ociosa juventud, uno de esos
“amigos” se presentó con una botella de vodka y en la entrada del abasto donde la
compró había una máquina cuadrada de color metálico, arriba de ella tenía dos
tubos cilíndricos trasparentes, contenían en su interior un líquido espeso
color rojo que mediante una paleta giratoria incitaba a ver tal movimiento
circular provocando comprarlo. Era el frappé de hace un poco más de diez años y
es lo más idóneo para mezclarlo con la bebida rusa… al menos para mi paladar.
Son las doce del mediodía, el sol bronceándote, ni una
nube en el cielo y encontrar en una esquina de Caracas un carrito coloridamente
rotulado con frutas es como ver un espejismo en el desierto; por fortuna el oasis
existe: es una nueva forma de refrescarnos la garganta y un negocio que crece por
los momentos. Sin duda éstos carritos llaman más la atención que los tubos
giratorios de hace años.
Mi mamá llegó con la idea de montar un carrito de
frappé, por fortuna la nevera ya la teníamos. Hace dos años la compré para
guardar las hallacas en diciembre y no sobrepoblar la nevera normal; la pobre llevaba
más de 25 años conservando nuestros alimentos. Así que mi rango de socio y mi capital
a la nueva idea de mi mama ya lo había asumido sin querer.
Mi tía se encargó del estudio de mercado, se caminó
todo el centro de Caracas preguntado precios, averiguando la materia prima para
hacer los distintos sabores de frappé, observando los detalles de los carritos:
la sombrilla, rotulado, nevera, base metálica, planta eléctrica y cualquier otro
detalle; cómo servían el producto, en que sitios estaban ubicados los
vendedores; quiénes eran el tipo de persona que más compraba; a qué hora se vendía
más. Creo que su carrera de estadística la empleó correctamente en este
estudio. Mi mamá se encargó de buscar presupuesto en una herrería para hacer la
base del carrito donde montaría la nevera.
A mi me tocó la tarea de averiguar los precios de las
rotulaciones para la nevera. Cerca de mi casa hay un centro de impresión y
pendones, pero me imaginé que en otro sitio podría salir más barato. Pregunté
por el rotulado y un diseño para la nevera. El diseñador ya tenia un diseño
hecho, me pareció muy bueno y digno para la ocasión, todo salía en 2.000 Bs.
fuertes. Fui a otro sitio de impresión y conseguí un presupuesto en 1.000 más
la rotulación en 600 Bs. Fuertes y cerré de una vez el trato.
A todas estas mi tía recolectó bastante información y
concluyó que la mejor hora para vender
es de 11 de la mañana a 4 de la tarde, los que más comprar son los bachilleres
después del mediodía. El mejor sitio para vender es en cercanías de colegios,
plazas y paradas de autobuses, salidas de metro y esquinas muy concurridas. Este
es un punto vital en el negocio: el lugar donde ubicarse para vender, los permisos
no parecen una limitante, salvo en varios puntos como en la entrada del parque
Miranda (Parque del Este) donde tienes que tramitar el permiso para vender con
la alcaldía. O como nos comentó un “frappero” –vendedor de frappe en los carritos–
que le paga una tarifa a un agente de la ley para que ni lo roben ni lo
saquen de allí.
Conforme seguíamos avanzando surgían nuevas
dificultades, como donde guardaríamos el carrito luego de instalarlo, habría
que buscar un alquiler para guardarlo y tendría que estar ubicado cerca del
lugar de venta, el peso para empujar el carrito por la calle es considerado si
le sumas el peso de la planta eléctrica para mantener la nevera funcionando.
Creo que mi tía no tiene la fuerza suficiente para empujarlo; aunque ya tenemos
todo listo y no se si tendremos éxito, pero estoy dispuesto a asumir el cargo
de “frappero”.
El emprendimiento individual se ha multiplicado en los
últimos años como forma de prosperar mediante una actividad económica, el emprendedor
actual se ha modernizado y organizado mucho mejor que hace algunos años. Situación
que ve muy positiva el psiquiatra Roberto
de Vries de la cual expresó en una entrevista al diario El Universal: “El
venezolano está en una fase de emprendimiento e iniciativa” “...y probablemente
aquí está la salida al desarrollo del país”. ¹
Sin tener en cuenta el clima político del país el
emprendimiento y las iniciativas propias de los venezolanos seguirán siendo el
oasis en el desierto.
1. Cuerpo 1, página 1-2 - 20-01-2013.
miércoles, 30 de enero de 2013
Periodismo gonzo: Utopía hippie
El jueves 14 de agosto del año sesenta y nueve mí
compañero Andrés y yo presentamos el último examen del semestre, la verdad no
me importó si lo aprobaba o no, llevábamos dos años en Estados Unidos
intentando sacar un diplomado en ingeniería.
El viernes 15 unos amigos de la universidad nos
comentaron sobre un festival a dos horas de camino, en una granja de Bethel en
el estado de Nueva York. Nosotros hartos de tanto estudio decidimos desconectar
y la mejor manera era asistiendo a ese festival musical muy en particular que
anunciaban en la radio y en volantes pegados en las paredes de la universidad
que expresaban: “The Woodstock festival, 3 days of peace and music”. Aunque yo
no estaba muy animado en asistir, mi compañero me convenció de ir, él estaba
seguro de que ese festival iba a ser algo grande.
Al preguntar en la estación de bus nos dijeron que no
habían pasaje para ir hacia esa zona así caminamos hasta la carretera
principal. Rápidamente conseguimos trasporte, eran un grupo de 15 jóvenes que
venían de Kansas. A las dos horas ya estábamos en el sitio. No se podía caminar
de la multitud de personas en el lugar, empezó a llover, oscureció muy pronto.
La música se oía de lejos y la tarima se veía infinita, aunque los enormes
altavoces se visualizaban desde cualquier parte. Decidimos acampar cerca de una
charca. El dinero que teníamos no nos sirvió de nada, pues no existía sitio
donde comprar algún alimento. La cena la resolvimos con unos bocadillos que nos
dieron unos compañeros que llenos de barro disfrutaban felices en la charca.
El sábado 16 nuestra estadía mejoraba un poco, si a eso
contamos que solo dormimos un par de horas. Agua y galletas fue nuestro
desayuno. Nos adentramos más entre la multitud con la esperanza de acercarnos
más a la tarima y ver los grupos más de cerca, aunque confieso que no soy
aficionado a ningún genero musical. Esa misión fue imposible, una barrera
humana impedía el paso hacia el centro. En medio de nuestro ajetreo coincidimos
con unos compañeros de clases, terminados el día con ellos quienes amablemente
nos ofrecieron hospedaje en sus tiendas de campañas arruinadas por la lluvia y
el barro. Ellos nos comentaron de los cantantes y grupos presentes en el
festival, recuerdo que nos nombraron a Santana, Janis Joplin, Jimi Hendrix,
Jefferson Airplane, The Who, Grateful Dead,
entre otros. Ya para el domingo 17 nuestros cuerpos agotados no podían
levantarse, al ver a nuestro alrededor los compañeros se habían marchado. Nos
quedamos clavados como estacas en el barro, sin energías para caminar, era el
último día y pensamos en la idea de regresar, pero no sabíamos cómo,
esperaríamos al día siguiente.
El lunes 18 terminamos la faena con miles de personas
armando un simbolo de la paz con toda la basura que encontramos en el lugar,
mientras de fondo se escuchaba una melodía ecléctica, una melodía que
sintetizaba lo que había sido el festival, era la guitarra de Jimi Hendrix que
como una extensión del pensamiento emanaba su sinfonía de fraternidad, unión,
pacifismo y protesta. Fueron tres días que pasamos hambre, frío, con la ropa
mojada, pero todo el mundo nos ofreció comida y algo de abrigo. Sin saberlo mí
compañero y yo estuvimos presentes no en el mayor festival de música rock del
mundo, sino en la mayor demostración de solidaridad humana jamás lograda... eso
hace ya cuarenta años.
Getafe, marzo de 2009.
sábado, 12 de enero de 2013
Realismo mágico: Detalle pintoresco
Al llegar a la primera curva frenan y en intervalos cortos vuelven a acelerar; y así van frenando y acelerando hasta que salen de la zona de curvas y retoman la recta secundaria de la pista acelerando a fondo aunque obligados a frenar nuevamente en el nudo de curvas las cuales llevan a la recta final acelerando a fondo, llegan al clímax de tanta velocidad para que al cruzar la meta quiten el pie del acelerador una vez conocido el desenlace.
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